martes, 29 de octubre de 2013

Ética y honestidad en el trabajo

Durante 2009 el 51% de las empresas en nuestro país fueron defraudadas por sus empleados, de acuerdo con el suplemento de México en la encuesta de delitos económicos 2009 de Pricewaterhouse Coopers. Esta cifra de por si alarmante, es más si consideramos que el promedio global fue de 30% y de 35% en Centro y Sudamérica.

Según los expertos, existe lo que ellos llaman "El triangulo de la deshonestidad" que se conforma por tres elementos:

-La presión de delinquir

-La racionanalización de nuestros actos (Convencernos de que no estamos actuando mal)

-La oportunidad
  
Hoy las empresas en México se dan cuenta de esta realidad y por lo que toman cada vez más medidas para evitar estas situaciones, que si bien hacen daño al patrimonio de la organización, tienen efectos mucho más graves en quienes delinquen y son descubiertos, como la perdida de su reputación, el respeto de otros, e incluso su libertad.

Algunas medidas preventivas para evitar que esto ocurra pueden ser:

-Crear una línea de denuncia anónima. Esto puede disminuir la incidencia hasta en un 50%.

-Mandar un mensaje de cero tolerancia ante estos actos.

-Comunicar en forma explicita un código de conducta y ética.

-Contratar y promover gente apta y con reputación intachable.

-Aplicar pruebas e implementar sistemas para comprobar la honestidad de los empleados en forma recurrente.

Esta última recomendación ha arrojado resultados ambivalentes, en una encuesta realizada por el equipo de producción del programa radiofónico "Hoja de vida"; como resultado se obtuvo que hay personas que están dispuestas a pasar por estos filtros, pues "el que nada debe nada teme" y otros que se sienten ofendidos ante la posibilidad de ser cuestionados.

En nuestra vida profesional existe lo que entendemos como un "Contrato emocional" con las empresas para las que trabajamos. Este contrato debería ser percibido como justo por ambas partes y proporcionar una base de equidad entre nosotros y nuestros empleadores, incluyendo valores que nos ratifiquen porque trabajamos en la actividad que realizamos y recibimos un pago por ello, entendiendo nuestra relación como justa y satisfactoria, por lo menos temporalmente. ¿Por qué otra razón deberíamos estar allá?

Siempre habrá alguien que gane más que nosotros, que sea más listo, que crezca más rápido, y muchas veces no entenderemos las razones o las consideraremos injustas. Si dejamos de ver el jardín de al lado, que siempre es más verde, y nos concentramos en regar el nuestro, sembrar lo que queramos que florezca y lo cuidamos con dedicación y empeño, al final tendremos todos los frutos de los cuales podremos sentirnos orgullosos, que hablarán de quienes somos. Estaremos contribuyendo a tener un mejor país y seguramente dormiremos mejor y seremos más felices.
  
Al final la responsabilidad de una vida recta está en cada uno de nosotros.


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